Ser donante de células madre sanguíneas: “Tienes una parte de mí que espero te ayude a seguir adelante”

Eduardo tiene 26 años, nació en Ciudad de México y desde el 2015 que vive en Santiago. Nunca había pensado en donar, hasta que se hizo una campaña en su lugar de trabajo. Le llamó mucho la atención saber que, en algún lugar del mundo, había alguien con su misma composición genética. En este relato, cuenta cómo fue el proceso, sus dudas y lo agradecido que está de haberle salvado la vida a alguien.

Donante DKMS durante su donación posa con frazada de DKMS
Donante Eduardo Hernández posa luego de su donación con frazada DKMS y vaso de cafetería Juan Valdez

En marzo de este año la cafetería Juan Valdez, donde trabajo, participó en una activación en Falabella, una campaña que buscaba registrar donantes para los cientos de pacientes con cáncer de sangre que necesitan una segunda oportunidad de vida. La idea de saber que podría ayudar a alguien, me llegó al corazón. No tenía idea de qué implicaba donar; sólo quise inscribirme.

Eran días difíciles, frente al aumento de casos del COVID-19 y el decreto de cuarentenas en algunas zonas de la ciudad, la ansiedad aumentaba. En febrero me diagnosticaron depresión. Trabajar desde casa y no poder salir aumentaba mi ansiedad, por lo que no eran días muy felices. Sin embargo, la noticia de ser compatible con alguien me llenó de alegría.

Si bien me asustaba pasar por todo esto solo, pues mi familia está en México, cuando les conté sentí el apoyo, así que estuve muy tranquilo. Afortunadamente estuve muy bien acompañado de mis amistades y de mi equipo de trabajo. En realidad, nunca estuve solo en este proceso.

Yo doné médula ósea. No estaba muy enterado al principio, pero con la asesoría del doctor logré despejar mis dudad y me tranquilicé. En cuanto salí del quirófano y desperté en la sala de recuperación me dolía mucho la espalda. Era una sensación parecida a cuando te caes y te pegas en el trasero. Me sorprendió que todo fue muy rápido. Incluso la recuperación en mi departamento.

Ser Donante

Ser donante significó una alegría enorme para mí. Me siento satisfecho y contento de haberlo hecho. Espero, de verdad, que pueda ayudar a la persona que recibió la donación. Me gustaría mucho tener contacto con el paciente, solo sé que es un niño de entre 2 a 6 años que vive en Latinoamérica.

Si tuviese la posibilidad de decirle algo, le diría que espero que esta parte de mí le ayude a seguir adelante. No sé qué edad tiene, pero allá afuera hay un mundo esperándolo, así que se tiene que mejorar.

Mi familia está muy feliz y orgullosa. Mis compañeros del trabajo me llenaron de elogios, por lo que asumo que también están muy contentos. Me gustaría que muchas más personas se inscribieran, se animaran a donar y ayudar. Que no tengan miedo, siempre hay alguien dispuesto a aclarar tus dudas y asesorarte. Imagina que al salir del quirófano habrás contribuido en salvar una vida. Así que ¡anímate y hazlo!