Cuando la donación es un camino conocido

Desde que recibió la llamada de DKMS, César Leal ya sabía todo lo que tendría que hacer. Junto a Belén, su pareja, habían debido enfrentar el cáncer de su hija. “Vimos lo que pasa en los niños. No podía decir que no, no podía estar ausente de esto”, explica. Desde la sala de espera del Hospital Clínico UC, ambos recuerdan la experiencia que significó donar en vida.

Por Tomás Basaure E.

César habla y Belén lo escucha. Cuando a él lo llamaron, ambos entendían lo que tendrían que hacer dentro de los próximos días: conocían los exámenes, los procedimientos de donación, el miedo y la alegría. Él sabía que, al donar sus células madre sanguíneas, estaba salvando una vida, que estaba haciendo lo que hicieron por ellos y por su hija. “Ella pudo salir adelante y, prácticamente, ya está sana”, cuenta. “Las vueltas de la vida te vuelven a llamar y a decir que tú eres una persona valiosa para ayudar a otro”, añade Belén. Ella recuerda y César la mira. “A nosotros nos tocó estar inmersos en el mundo de lo que es el cáncer. Vimos lo que pasa en los niños. No podía decir que no, no podía estar ausente de esto”, dice él.

César estaba en el trabajo cuando sonó su celular. “Cuesta un poco creerlo al principio que tú hayas sido, después de todo lo que nos había tocado pasar. Pero desde el primer momento dije que sí”, reconoce. Entonces, vino una serie de exámenes y muestras para confirmar la compatibilidad con el paciente y que todo estuviera en orden. Luego un segundo chequeo médico lo trasladó de Frutillar a Santiago, de un pabellón a una sala de espera desde la cual recuerda toda la experiencia.

Belén y César están sentados uno al lado del otro. Ella habla más y él menos. Ambos explican el método de donación que, en este caso, correspondió a una extracción de médula ósea. “Es una punción que te realizan en la espalda. Te genera un pequeño dolor pero es algo que tú puedes tolerar”, apunta César, quien también menciona que no tuvo miedo, pero sí ansiedad.

Durante el proceso sospechó que sus células eran para un niño. “Nosotros con nuestra hija pasamos por lo mismo y lo entiendo perfectamente”, destaca. Un camino duro que Belén compartió junto a su pareja y que ya dan por superado. “Muchas veces nos sentimos solos y que vamos cuesta arriba, pero hay personas, hay luces en el camino que llegan y hoy César es esa luz que les da la opción para poder seguir con un tratamiento para mejorar la vida del niño, de la persona”, cuenta ella.

“Para un tratamiento que falló, la única opción de vida es un trasplante. No hay otra”, enfatiza Belén. Su diagnóstico es tajante y su solución concreta: “Nosotros con algo tan simple como donar nuestras células madre, mediante un procedimiento ambulatorio, le podemos dar muchos años de vida a otra persona, momentos agradables, esperanza y cobijo”. César se suma a las palabras de su pareja. “Creo que todos deberían ser donantes. Dar una segunda oportunidad de vida queda en tu historia, es algo que tú puedas contarle a tus hijos, es súper maravilloso”, finaliza.