De un laboratorio en Vallenar a un pabellón en Santiago

Matews González es tecnólogo médico del hospital de Vallenar y a través de una compañera de trabajo conoció DKMS. Se inscribió, lo llamaron y confirmó su donación en la que pasó de conocer cómo se extrae la médula ósea a entregar parte de la suya. “Sentí emoción, sentí nervios y sentí las ganas de poder hacerlo. La felicidad en realidad”, recuerda.

Por Tomás Basaure E.

Matews González nunca antes había estado hospitalizado y, por lo mismo, se preguntaba cómo sería estar bajo anestesia general. Después de la cirugía, “desperté en la sala de recuperación y dije ‘ya pasó’”. Algo nuevo para lo que ya estaba preparado. “Siempre he sido bien desprendido con mi organismo, siempre he donado sangre y soy donante de órganos, incluso. Hacer esta acción más en vivo es una bonita experiencia”, cuenta.

El joven de 26 años donó células madre sanguíneas a través de la extracción de médula ósea. “Sentí emoción, sentí nervios y sentí las ganas de poder hacerlo. La felicidad en realidad”, enfatiza. Matews es casado, tiene dos hijas y trabaja como tecnólogo médico en el hospital de Vallenar, con especialidad en laboratorio clínico, hematología y banco de sangre. “Estuve en varios procedimientos de extracción de médula ósea, sé lo que hacen, cómo preparan a los pacientes. La verdad no estaba nervioso, ni siquiera un día antes de la operación. Cuando llegué a pabellón, ya ahí empecé a sentir los nervios, pero el equipo médico se comportó un siete”, recuerda.

Sus preocupaciones se centraron en los dolores que podría tener después de la operación, pero “ahora veo que no es nada, es un malestar como un lumbago”. “El equipo médico me dio muy buena información, fueron súper claros con sus explicaciones, cuánto iban a extraer de médula ósea, me dijeron con lujo de detalle todo y yo en realidad lo entendí”, comenta.

En octubre del año pasado, Matews se registró en la fundación porque supo de un niño que había recibido un trasplante. “Él tiene aproximadamente ocho años. Conocí su diagnóstico, por lo que pasó y todo lo que tuvo que hacer antes de llegar a poder trasplantarse”, reconoce y agrega: “La verdad, eso me conmovió, no sabía que existían estos bancos y menos acá en Chile”. Al igual que otros posibles donantes, Matews pensó que no lo llamarían tan luego. “De aquí a que salga compatible con alguien van a pasar años y años y quizás nunca me llamen, pero pasó un mes y medio, dos meses, y me llamaron”.

A través de un laboratorio de una colega, Matews hizo las gestiones para enviar las muestras a DKMS. Luego vinieron los exámenes de compatibilidad, el chequeo médico en Santiago y la espera para realizar el procedimiento. Sobre el tiempo para todos los trámites, el tecnólogo explica: “No tuve problemas en el trabajo para venir para acá, me dijeron ‘anda, es algo súper bonito lo que estás haciendo. Tira licencia, haz lo que estimes conveniente y te apoyamos’”.

En un principio Matews pensó que tendría que hacer todo por su cuenta. “El día del procedimiento voy a ir solo porque la fundación sólo paga para mí, pero cuando Felipe —uno de los coordinadores médicos de DKMS— me dio la información de que podía haber un acompañante y que tenía que haber uno, súper bien”. “De hecho superó las expectativas que tenía sobre la Fundación, porque no sabía que pagaban todo. Yo la verdad no tuve que pagar nada de nada y si pagué algo todo se devuelve”, asegura. Matews cuenta que él hizo unos gastos mínimos en alimentación y pasajes para trasladarse de Vallenar a La Serena.

Cuando supo a quién había ayudado, Matews se emocionó “porque mis hijas igual son pequeñas y no me gustaría que ellas pasaran por esas cosas”. Independiente de quien reciba la donación, dice que “haría esto una y mil veces más, sin lugar a dudas. Si alguna vez me necesitan de nuevo o soy compatible otra vez con alguien, lo volvería a hacer de todas maneras”. Tú también podrías salvar una vida, hazte donante.