Donar de una fundación contra el cáncer a otra

Francisco Sierra es fonoaudiólogo de la Fundación Nuestros Hijos y donante de células madre sanguíneas de DKMS. Se registró en 2019 y al poco tiempo lo llamaron. “Si con eso salvo una vida, no necesito saber especialmente quién es, solamente que mis células llegaron”, cuenta. Este es su relato en primera persona sobre su proceso de donación.

Texto editado por Tomás Basaure E.

“Creo que en mayo de 2019, DKMS realizó una campaña en el centro de rehabilitación de la Fundación Nuestros Hijos. Cuando lo vi, corrí al tiro, me inscribí y al poco tiempo me llamaron. Soy fonoaudiologo y mi quehacer es prevenir o rehabilitar secuelas en el lenguaje, en el habla o en la deglución. Todo esto, como algo secundario al tratamiento contra el cáncer.

Cuando me llamaron, estaba recién terminando de atender, no recuerdo si a un niño o una niña pequeña. Justo tenía una hora libre y le contesté a Julieth, −una de los coordinadores médicos de la fundación− y me dice: ‘Soy de DKMS, tengo que hablar contigo. ¿Tienes un buen tiempo para hablar?’. Yo le dije sí, ahora sí.

Me entregó toda la información de cómo era el procedimiento para acceder a mis células madre y ahí me di cuenta que era un poco más invasivo de lo que yo creía. Pensaba que me iban a sacar sangre o que iba a ser una donación periférica. No sabía que, en mi caso, tendría que ser a través de una extracción de médula ósea. Sin embargo, estaba feliz de donar mis células madre si con eso salvaba una vida. No necesito saber quién es, solamente si mis células llegaron, que ahora el niño está bien y que puede tener una vida.

Cuando en mi trabajo se enteraron que yo iba a ser donante, recibí inmediatamente el apoyo de todos. Me decían que era muy lindo lo que iba a hacer. Pero yo no encuentro que fuera algo tan lindo, considero que es algo que corresponde hacer. Lo único que tiene que poner uno, como persona, son las ganas y el valor de hacerlo. El amor de hacerlo.

Antes del procedimiento, me hospitalizaron una noche para mantenerme en observación y, al día siguiente, me operaron en la mañana. Fue mi primera vez hospitalizado. Te llevan al pabellón y te anestesian. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir, ya estaba en recuperación. Al despertar me dolía un poco la cadera, como cuando uno se cae jugando a la silla musical y te pegas en la cola. Ese tipo de dolor. Los primeros dos días me costó un poco caminar, pero no fue más que eso.

Durante todo el proceso, recibí más apoyo y quizá un apoyo más genuino del que yo pensé que iba a recibir. En mi trabajo me dieron todo el tiempo que yo necesitara para tomar mis exámenes, adaptándose a mi jornada laboral. También me mandaron muchos mensajes cuando estuve hospitalizado, después cuando volví me recibieron de muy buena manera.

Me contaron que mis células madre son para una niña que tiene entre tres y ocho años. Así que espero que esa médula le haga muy bien a ella y a su familia. Que gracias a esa médula no se pierda ninguna oportunidad. Pienso que, de verdad, lo haría todo de nuevo. Mientras más personas registradas existan, más posibilidades de donantes hay. Y eso también aumenta la posibilidad de vida de distintas personas que necesitan algo que uno, en calidad de donante, puede entregar”.