Donar en tiempos de cuarentena: la doble responsabilidad de salvar una vida y cuidarnos entre todos

Mientras estaba en cuarentena, María José recibió una llamada que le dio un sentido nuevo y positivo a estos días de pandemia. Desde el otro lado de la línea, DKMS, le avisaba que era la persona indicada para salvar una vida. Esto, sin duda, sería un desafío mayor, no solo por las precauciones necesarias sino, porque tendría que viajar desde Temuco. En esta entrevista, ella narra ese trayecto que debió hacer en auto con su hermana y cómo tomando todas las precauciones pudo conectar para el resto de su vida con una persona que jamás ha conocido. Mayo, 2020.

María José tiene 22 años. Vive con sus papás en Temuco y es la hermana del medio entre la mayor, de 24 y la menor, de 10. Se registró en DKMS luego de ver una publicidad en Instagram y de revisar toda la información que pudo encontrar. En diciembre de 2019 recibió el primer contacto de la Fundación, sin embargo, su proceso de donación no se concretó hasta hace poco. A lo largo de todo ese tiempo estuvo siempre en contacto con los coordinadores de donantes, Felipe Donoso y Julieth Fuentes.

María José, ¿cómo fue recibir la llamada de nuestro equipo informándote que eras compatible con alguien que lo necesita?

Recibí la llamada los primeros días de diciembre de 2019. Al principio estaba como impactada, de hecho, mis amigas me miraban con cara de “qué le pasa a esta”. Luego cuando Felipe me explicó más a fondo lo que se venía, tenía una mezcla de emociones, entre felicidad, nervios y muchas ansias por lo que pasaría después. Le dije que siguiéramos adelante con todo el proceso y a esperar.

¿Qué opinó tu familia y tu pareja cuando les contaste?

Al principio estaban muy asustados. Nadie sabía que me había inscrito como donante, así que me hacían muchas preguntas sobre qué era DKMS, cómo sería todo el proceso y cuándo me registré. Como no esperaba ser compatible con alguien, simplemente me inscribí y listo, sin avisar. Creo que por eso quedaron tan sorprendidos. Pero, luego de un par de semanas ya estaban más tranquilos. Julieth me envió mucha información y videos que les mostré a mis padres y, de a poco, fueron soltando el miedo. Al igual que el resto de mi familia mi pareja me apoyó siempre.

¿Tu proceso de donación se desarrolló en los días de cuarentena? ¿Cómo lo viviste y qué medidas de seguridad se tomaron para protegerte?

Yo vivo en Temuco y lo primero que decidieron fue que no viajaría en avión, sino que un auto iría a buscarme a la puerta de mi casa y me llevaría a Santiago. Mi hermana mayor pudo acompañarme.

Mis amigos me pidieron muchas veces que tomara las precauciones necesarias y que me cuidara. Mi mamá estaba más nerviosa, porque viajaba con mi hermana y no quería que nos contagiáramos. Pero, en todo momento me sentí súper segura y cómoda, esa confianza me la transmitió DKMS y Julieth, que a cada rato repasaba conmigo el proceso. Esa tranquilidad se la pude traspasar a mi mamá por teléfono.

Los traslados hacia la clínica para la donación los hice con mascarilla, siempre mantuve la distancia social, y me pidieron lavarme las manos con abundante jabón. Cuando ya me instalé para la donación me pude sacar la mascarilla para que fuera más cómodo.

¿Ante este escenario, por qué decidiste seguir adelante con el proceso?

Pensaba “este virus no puede ganármela”. También pensaba en el paciente y su familia, en lo desesperados o impacientes que deberían estar. La donación ya no podía esperar más si es que quería que todo saliera bien, así que saqué ánimos de donde pude para seguir adelante. No podía ser tan egoísta para quitarle la oportunidad de vivir a otra persona, ni mucho menos cuando me estaban ofreciendo todas las medidas necesarias para evitar al máximo que contrajera Covid-19.

¿Qué le dirías a una persona que resulta compatible con un paciente durante la cuarentena?

Le diría que no tenga miedo. El equipo médico y de DKMS toman todas las medidas necesarias para resguardarnos, nunca van a querer exponernos de más. Les diría que se pongan la mano en el corazón y piensen en la persona que en estas circunstancias está a la espera de un donante.

Si tienes la posibilidad y la dicha de ser compatible con alguien, no seas egoísta ni caigas en el miedo.

Todo está en manos de profesionales que siempre van a querer lo mejor tanto para el paciente como para el donante, y la verdad es que es una experiencia tan maravillosa. De verdad que vale la pena, mucho más que la pena, vale la vida. Todo saldrá bien, sigue adelante.

María José, tú donaste a través del método de sangre periférica. Te conectaron a una máquina que durante algunas horas filtró tu sangre para obtener las células madre sanguíneas. ¿Cómo te sentiste durante la donación?

Me sentí como en casa. En todo momento estuve cómoda y si me molestaban las agujas o la posición en la que estaba, de inmediato el equipo médico me ayudaba. De repente me aburría, pero entre que miraba la bolsita que recolectaba mis células y todo el movimiento que había en la sala, no me di cuenta y ya había pasado todo el tiempo necesario para la donación. Aparte, tuve que estar menos tiempo del necesario, porque había movilizado muchas células, entonces eso me motivó bastante.

¿Tras haber vivido esta experiencia, qué significa para ti ser donante de células madre sanguíneas?

Me cuesta un poco plasmar lo que significa con palabras que reflejen lo que verdaderamente significa para mí ser donante de células madre sanguíneas. Yo creo que en simples palabras es dar vida. Un gesto tan mínimo para uno, pero que para una familia completa significa mucho. Esto es salvar la vida de alguien. Eso me marcó mucho cuando me registré, independiente de si me necesitasen en ese momento o en un par de años más.

¿Te gustaría en el futuro tener contacto con la persona que ayudaste?

Sí, me encantaría. De hecho, anhelo el momento en el que pueda contactarme con la persona y manifestarle todas mis buenas energías y mis mejores intenciones para su salud. Imagino la emoción de esa persona y su familia al saber que había alguien compatible y que le salvaría la vida. Ese momento se me viene a la mente y me pone muy feliz saber que no solo he ayudado a una persona, sino que a una familia completa como la mía.

Desde Temuco María José y su hermana cuentan que volvieron tranquilas a su casa y se encuentran en perfectas condiciones de salud. Ya habiendo pasado un tiempo desde su donación, dicen que “una vez terminado el proceso sentía que mi corazón iba a explotar de la emoción y felicidad. Por un lado había terminado todo y por otro sentía la emoción y ansias de que llegaran luego las células al paciente. Son sensaciones tan maravillosas y significativas que pocas personas entenderán. El enviar un pedacito de mí a otra persona que lo necesita muchísimo me genera infinita emoción y felicidad, significa mucho”.