El deseo de Miriam Cane

La dentista de Puerto Varas se inscribió como donante en una actividad del colegio de sus hijos. Mientras estaba de vacaciones la llamaron y ella aceptó sin saber quién recibiría sus células, pero siempre pensó en un menor de edad. “Es darle una oportunidad de vida a ese niño, pero también una alegría tremenda a toda su familia”, asegura.

Por Tomás Basaure E.

“No me imaginé a nadie en particular, pero sí dije ‘ojalá que sea un niño’. ¿De qué país? No me importaba, pero sí un niño. Obviamente que, si hubiese sido un adulto, también”, cuenta Miriam Cane sobre la persona que esperaba que recibiera sus células. Nació en Concepción, pero hace cinco años vive en Puerto Varas con su familia. Es dentista, esposa y madre de dos hijos. “El sufrimiento que podemos tener los papás ante un hijo enfermo es tan desgarrador, que poder darle salud a un hijo es darle una oportunidad de vida a ese niño, pero también una alegría tremenda a toda su familia”.

En el colegio de sus hijos reconoce que estaban “bastante sensibilizados con el tema del cáncer de sangre, porque ha habido como tres niños enfermos de leucemia”. Con su marido decidieron ir a una actividad en la que participó DKMS. Allí se inscribieron y “quedamos a la espera de que nos llamaran en algún momento”.

Miriam estaba de vacaciones en Pucón con su familia cuando sonó su teléfono. “Si bien uno no lo espera, cuando pasó dijimos ‘ya, hay que hacerlo nomás po’”. Recuerda que a medida que le contaba a amigos o conocidos le decían cosas como ‘uy qué eres valiente’ o ‘qué eres buena persona’. “No lo vi como algo tan especial, yo creo que el que puede hacerlo, debería hacerlo”, aclara.

“Todo este proceso fue como de ir aprendiendo y conociéndolos. Me di cuenta que la Fundación es muy seria, que trabaja con protocolos establecidos y rigurosos, que va aclarando todos los puntos y que siempre está pendiente de si tú quieres seguir o no con el proceso”, afirma.

Miedo y tantas dudas dice que no tuvo. Sin embargo, lo primero que pensó cuando le nombraron el trasplante de células madre fue en la médula espinal. “Entonces uno piensa que a lo mejor le van a sacar células de la columna y eso como que da un poco de susto”, cuenta Miriam. Una emoción que disipó rápidamente cuando “me aclararon que era a través de la sangre o también podía hacerse a través de una extracción de células directo desde la médula ósea de las caderas”.

Luego de los exámenes en Puerto Montt, que arrojaron un 100% de compatibilidad con el paciente, Miriam se trasladó a Santiago para más pruebas. Después de todo, sólo estaba un poco ansiosa por la cantidad de tiempo que tendría que estar con el brazo inmóvil. “Tenía susto si me iban a dar ganas de ir al baño y no iba a poder”, explica. Una vez hecha la donación, Miriam dice que tuvo algunos dolores de cabeza “sobre todo en las tardes, un poco de dolor muscular, me dolían las caderas y en la tarde mucho sueño. Pero eso y cuando me dolía un poco más la cabeza, un paracetamol y listo”.

Miriam está contenta por la persona a la que llegarán sus células: “Estoy muy muy feliz porque, efectivamente, son para un niño de trece años de Latinoamérica”. Ahora sólo espera que todo salga bien, “que Dios le dé la oportunidad de mejorarse completamente, ojalá, de seguir con su vida, de seguir con sus amigos, con su familia, con sus proyectos de vida y que sus papás puedan volver a estar tranquilos y felices”.

“Es un proceso bonito, que da harta satisfacción y que le sirve de ejemplo a otras personas. La vida da tantas vueltas y uno no sabe en qué lugar podría estar en algún momento”, resume Miriam. Conviértete en donante y sé el ejemplo para alguien más.