El viaje de Juan Ríos para convertirse en donante

El ingeniero de 27 años se trasladó de Osorno a Santiago para donar algunas de sus células madre sanguíneas a un hombre de Estados Unidos. Para ello conversó con su familia y con sus compañeros de trabajo. En el camino aclaró los mitos que rodean a una donación y dejó de jugar a la pelota para entrenar la posición de su brazo. “Lo importante es salvar una vida”, exclama.

Juan Antonio Ríos tiene 27 años, es ingeniero en prevención de riesgos y conoció DKMS a través de una charla en su empresa. Dice que cuando lo llamaron se quedó en blanco. “Hay algo en el interior que dice como ‘tienes que hacerlo, tienes que ayudar a esta persona’”, cuenta. Recuerda que al principio hay un poco de temor debido a la desinformación, pero que al estudiar el tema “uno se da cuenta de que el proceso es muy fácil, muy simple, no requiere nada extra y todo es súper natural”.

“Te llaman, te dicen que eres compatible con una persona. Previamente hay que hacer un examen de sangre, los envían a analizar y después de eso viene un chequeo médico. En este caso yo tuve que viajar a Santiago”, cuenta Juan. Cinco días antes de la donación, tuvo que inyectarse un medicamento que, en sus palabras, permite “estimular que salgan las células madre del torrente sanguíneo y una vez que estén en el torrente sanguíneo, como en el peak, uno va a realizar la donación al banco de sangre”.

Durante el proceso, siempre estuvo acompañado por alguien de DKMS. “Pensé que iba a ser un poco más frío el tema de la donación, en el sentido de que uno tenía que ir, hacerse los exámenes, estar solo. Pero, al contrario, me sorprendió mucho. La Fundación en todo momento deja a alguien para que vaya resolviendo tus dudas, está contigo, no te dejan solo en ningún momento”. “¿Cómo estás?” o “¿necesitas algo?” son algunas de las preguntas que recibió durante los días previos y posteriores a la donación.

Cuando Juan le contó a su familia, la reacción fue súper positiva. “Estaban súper contentos, de hecho, me dijeron: ‘Ya yo quiero ser donante’. Mi papá, mi mamá, mis hermanos, mis abuelos, estaban todos preguntando. De cierta forma fui como un embajador también porque todos quieren ahora ser donantes”. A pesar de no saber mucho sobre el tema, su madre, María Inés Hidalgo, decidió acompañarlo: “Lo apoyamos siempre y estoy muy feliz porque va a salvar una vida y eso es muy genial. Nos contó que se había registrado y que tendría que viajar a Santiago en algún momento y que estaba contento de ser donante”.

Juan reconoce que el donante también debe cuidarse. “Yo juego fútbol. No tengo que fracturarme, ni tener una lesión durante ese proceso para no interrumpir el otro proceso que es de la persona que va a recibir las células madre”. En este caso, quien recibirá las células del osornino será un estadounidense de 54 años. Para Juan no importa la edad, ni el sexo, ni el país. “Lo importante es salvar una vida”, asegura.

“Uno tiene que tratar de pensar que detrás de esa persona a la que uno va a donar hay sueños, hay una familia y hay una vida que tiene que seguir”, concluye. “Tomar un poco del tiempo de uno y de las actividades que normalmente realiza, apartarlas y entregar este tiempo para esa persona, independiente del resultado”. Para salvar una vida, tal como lo hizo Juan, te invitamos a convertirte en donante.