La aféresis de Tirso Acuña

A sus 19 años el estudiante de medicina ya estaba familiarizado con uno de los dos métodos de donación de células madre sanguíneas, ya que antes había entregado sangre y plaquetas. Durante el proceso les enseñó a sus familiares sobre la extracción y cómo contribuiría en la vida de otra persona. “Esto no es solo ayudar a alguien más, esto es permitirle vida a otro ser humano”, exclama.

Por Tomás Basaure E.

Aféresis es una palabra extraña, de esas que hay que buscar para saber su significado: donación periférica en la que una persona es conectada a una máquina durante cinco horas, en la que se extrae su sangre, se filtran las células madre sanguíneas y luego es devuelta al organismo. Pero para Tirso Acuña es un término mucho más cercano. Antes de experimentarlo, ya había donado sangre un par de veces en el Hospital J.J. Aguirre y también plaquetas. “Me motivó tener experiencias previas similares y saber que no era algo difícil”, cuenta el estudiante de segundo año de medicina de la Universidad de Chile y agrega: “Dado que el método de aféresis es más común, es bastante sorprendente el mismo hecho de que un proceso tan poco invasivo logre tanto”.

Tirso estaba en su pieza estudiando cuando su hermano le dijo que desde DKMS llamaron para pedirle que revisara su correo. “Ahí estaba el mensaje que me avisaba que existía gran posibilidad de poder donar y que un proceso nuevo comenzaba”, recuerda y agrega: “Es un proceso muy simple que, sin embargo, debe ser bien explicado por todas las dudas y mitos que existen. Cuando uno lo vive por sí mismo, desde la inscripción hasta la donación y luego el seguimiento post donación, uno entiende que no se hace complicado”.

Desde un principio, sus padres estuvieron de acuerdo, pero cuando les contó que estaba preseleccionado surgieron las dudas: ¿Te puede hacer daño? ¿Es seguro? ¿No te va a pasar nada malo? ¿Cuáles son las consecuencias? Como ya conocía el proceso, Tirso no tenía muchas preocupaciones y pudo responder a cada pregunta. “Lo pensé como una donación común y corriente de plaquetas, pero extendida”, cuenta.

“Me contactó Julieth y fue muy amable conmigo y tuvo la paciencia de explicarme todo de forma muy entendible. En general fue un trato muy bueno y personal que me hizo también sentir incluso más seguro de participar en todo esto”, afirma. Con esa seguridad, Tirso se aplicó las inyecciones que por protocolo se deben poner cinco días antes de la donación y que, reconoce, fue “el momento en que más mal la pasé”. Aunque más complejo fue detallarle a su tía lo infalible del proceso. “Ella es la mayor en el hogar y se preocupó bastante cuando me vio con dolor y cansancio durante las inyecciones. Tuve que explicarle que yo conocía el procedimiento, que es totalmente seguro y que, si ella veía que yo me sentía mal, no debía preocuparse”, exclama.

Así como ha donado en otras ocasiones, Tirso dice que lo volvería a hacer: “Es un proceso que me permite ayudar a otra vida más y por el que estoy dispuesto a pasar para hacerle bien a alguien”. Hacer bien a una persona desconocida para el joven, de quien ahora tiene una noción: “Sé que es mujer, cercana a mi rango de edad —entre los 15 y 20 años—, que está en Latinoamérica. Por esto mismo, la siento como alguien que de cierta manera es bastante cercana a mí”.

Realizada la donación, hoy Tirso reconoce que, si bien nadie en su familia ha tenido que enfrentar enfermedades a la sangre, “hay personas cuyas vidas están en juego por ellas, que sufren día a día, que tratan de seguir fuertes aún en situaciones tan, tan adversas. Para quienes sí que es demasiado importante el apoyo de DKMS y también les es importante que la mayor cantidad de gente posible se inscriba y tome conocimiento”. Tirso sintetiza: “Esto no es solo ayudar a alguien más, esto es permitirle vida a otro ser humano”. Para salvar una vida, regístrate como potencial donante en DKMS.