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Recibir el llamado para donar: “Los miedos y muros se derriban cuando pensamos que hay una familia sufriendo”

Hugo Escobar tiene 46 años y vive en Temuco. Se registró el año pasado en una campaña con la esperanza de que algún día lo llamaran para dar una segunda oportunidad de vida. “Ser donante significa un acto de generosidad al prójimo, sin importar a quien ayudarás y sin esperar nada a cambio”.

Última actualización: 12/04/2021

Hugo Escobar tiene 46 años y vive en la ciudad de Temuco. Se registró el año pasado en una campaña por Catalina, con la esperanza de que algún día lo llamaran para dar una segunda oportunidad de vida. “Ser donante significa un acto de generosidad al prójimo, sin importar a quien ayudarás y sin esperar nada a cambio”. A continuación, su testimonio.

En febrero del año pasado, se realizó una campaña que buscaba donante para Catalina, una niña de ocho años. Al ver aquella familia buscando un donante, vi reflejada a mi hija de 10 años en Catita. Como padre sentí esa conexión al ver a mi pequeña sanita. Siempre supe que iba ser donante, pero nunca pensé que iba ser tan rápido.

Estaba en casa, cocinando para mi hija cuando me llamaron. Sentí mucha alegría y emoción y di las gracias a Dios por ello. Yo solo pensaba en que podría calmar la desesperación y angustia de alguna familia en el mundo. Nunca tuve una preocupación, siempre supe que estaría en manos de profesionales.

El método de donación fue por aféresis. Durante todo el proceso me sentí muy acompañado e informado por DKMS, quienes me inspiraron confianza y tranquilidad. Durante la misma donación, me sentí muy bien atendido, todos estaban muy dispuestos a oírme, tanto por el personal médico, de enfermería y tecnólogos. Si pudiera dar una nota, les pondría un 1.000 a todos.

Tal vez al principio hubo un poco de nerviosismo, pero en mi caso hubo más cansancio que dolor, por tener inmovilizados ambos brazos. Lo más complejo fueron las inyecciones de estimulación de las células, más bien el efecto que hacía en mi al finalizar el día, era un cansancio y molestia tolerable en la zona de las caderas, pero mi enfoque era la donación y eso calmaba todo.

Me encantaría saber a quién iban dirigidas mis células, saber su evolución y todo lo que pasó durante el proceso. Siento que hay una conexión entre ambos desde el momento que supe que era su donante. No sé por qué, pero siempre pensé que iba ayudar a una mujer, imagino a una señora disfrutando de una nueva oportunidad de vida, junto a su familia y de las cosas simples que hay en ella.

Mi familia está orgullosa de mí, por tan noble gesto de amor. Para mí ser donante significa un acto de generosidad al prójimo, sin importar a quien ayudarás y sin esperar nada a cambio, solo saber que hay una persona que espera por ti. Antes de la donación, mi hija me dio un abrazo y me dijo que me amaba. Creo que ese fue un regalo de Dios, mi recompensa por mi entrega sin condición.

A quienes aún no se registran, les diría que el motor de todo este proceso es el amor a la vida, que no existe el dolor cuando hay una actitud para ayudar a quien lo necesita; los miedos y muros se derriban cuando pensamos que hay una familia sufriendo por ese hijo o hija. Seamos solidarios y si tenemos a nuestras familias sanas, miremos hacia nuestro alrededor, con un gesto de humanidad podemos cambiar rostros de tristeza en alegría.

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