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Desarrollo y trasplante de las células madre sanguíneas

Procesos de reproducción celular se desarrollan en nuestro cuerpo casi sin que lo sintamos. En su tercera columna, el oncólogo detalla el viaje desde una célula madre hasta que se convierte en sanguínea y cómo se adapta al pasar al cuerpo de otro paciente.

Última actualización: 29/10/2021

Por Francisco Barriga

La sangre es un tejido que se regenera continuamente. Cada día nuestro cuerpo produce trillones de células sanguíneas que acuden a cumplir las distintas funciones de este elixir de vida: plaquetas, unas pequeñas partículas sin núcleo celular que recorren la circulación deteniendo cualquier hemorragia, grande o pequeña; glóbulos rojos que transportan el oxígeno desde los pulmones y lo entregan a los órganos en todo el cuerpo; y glóbulos blancos que constituyen las defensas celulares con la que nuestro organismo sobrevive entre los incontables microorganismos que viven dentro de nosotros, y a aquellos como los virus que nos llegan de fuera.

Todas estas células son necesarias para nuestra vida y, por lo mismo, las enfermedades que amenazan o alteran este equilibrio celular, dañando alguno o todos sus componentes, pueden llegar a ser tan graves y poner en riesgo la vida de un paciente.

¿De dónde vienen todos esto soldados que nos mantienen en la batalla diaria por la vida? De un grupo minúsculo de células que tienen la capacidad de dividirse, proliferar de manera continua y convertirse en cada una de las estirpes celulares que hemos descrito. Y estas son las que conocemos como células madre.

La célula madre original es el ovulo fecundado o cigoto, que tiene la capacidad de desarrollar un organismo completo. Esa célula madre se expande y, siguiendo el programa genético de la especie, se convierte en otros tipos que continúan este proceso hasta llegar a las células madre especializadas, una de las cuales es la sanguínea. Como la reina de la colmena, ella va dando vida a otras iguales y a millones que se irán convirtiendo en las hijas con funciones específicas. Hijas que jugarán su rol, vivirán unas horas o muchos años y, finalmente, serán eliminadas.

Células madre sanguíneas

La potencia de las células madre de la sangre permite que una cantidad muy pequeña de las mismas estén continuamente recambiando el tejido, un fenómeno que está en la base del trasplante de medula ósea o, más bien, el trasplante de células madre de la sangre.

El paciente recibe quimioterapia y/o radioterapia para eliminar una enfermedad maligna como la leucemia y alistarlo para que el injerto de células madre prospere. Ese tratamiento previo, llamado condicionamiento, inactiva todo el sistema sanguíneo del paciente, esto es: sus células madre ya no pueden continuar su misión y son eliminadas. Como explicamos, si la función sanguínea no se recupera, el desenlace sería fatal.

En este punto vienen las células madre del donante al rescate. Una cantidad ínfima que puede ser obtenida a partir de la médula ósea, es decir, directamente desde donde se originan; de la sangre después de haber sido movilizadas de la misma médula; o bien, de la sangre de un recién nacido obtenida a través del cordón umbilical.

Todos estos procedimientos terminan en lo mismo: trasplantar al receptor con la fuente de vida del donante. Las células ingresarán al paciente y recorrerán rápidamente la circulación, buscando su nicho específico, el que está en la médula de todos los huesos. Dentro de ese tejido lleno de celdillas parecidas a una colmena, hay otras células especializadas que engancharán a las células madre deteniendo su viaje y se pegarán a ellas alimentándolas y ayudándolas a reproducirse convirtiéndose en glóbulos maduros. Ellos repoblarán la colmena y dejarán salir a las hijas a cumplir sus más variadas funciones.

Por todo esto decimos que al donar estamos dando una segunda oportunidad de vivir a los distintos pacientes: a los que necesitan un trasplante, a quienes tienen un cáncer que envenena su médula ósea y su sangre, o a aquellos que tienen una enfermedad en la que alguna o todas las estirpes celulares poseen un defecto irrecuperable. Esa pequeña transfusión de células madre del donante es la oportunidad de vida, ya que crea la sangre nueva dentro del paciente, quien compartirá la sangre de su donante por toda su vida, creando un lazo permanente e inexplicable entre ambos.

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