Historias de donantes

“Ser donante es dar una segunda oportunidad, es crear un mejor futuro para todos”

Para ir a donar desde Litueche y, al mismo tiempo, protegerse del coronavirus, Rolando Hernández se equipó con mascarillas y alcohol gel. “Tenía una idea del proceso, pero es algo que se debe vivir. Te cuidan mucho”, dice. Aquí, su relato en primera persona sobre su proceso de donación en pandemia.

Última actualización: 13/10/2021

Durante octubre buscamos llegar a los 100 mil potenciales donantes registrados y, mientras eso pasa, queremos destacar las historias de aquellos que han sido llamados para entregar una segunda oportunidad de vida. A continuación, el relato que Rolando Hernández entregó en 2020.

“Conocí a DKMS en la universidad. Yo estudio ingeniería ambiental y en una actividad de salud me registré como donante. Me llamó la atención la frase “contra el cáncer de sangre” y pensé: “Siempre se puede ayudar”. Conocía el método, así que ya tenía una idea de lo que es ser donante de células madre sanguíneas.

Estaba terminando una clase en línea, un poco estresado, cuando me llamaron de la Fundación. Me estaba preparando para hacer resúmenes para una prueba y me vino una felicidad enorme, nunca creí que me llamarían.

La opinión de mi familia ha sido positiva. Al principio se preocuparon, pero con las explicaciones de los procedimientos quedaron más tranquilos. Mis principales preocupaciones eran sobre los posibles efectos post donación, pero con la explicación de la doctora mis preocupaciones desaparecieron.

Llevaba 10 días en cuarentena hasta antes de la donación. Si tenía que salir, usaba mascarilla y llevaba alcohol gel. Igual temía contagiarme, pero si no donaba esa persona que lo necesitaba no iba a poder llevar su vida de manera plena. La Fundación consideró el transporte y el autocuidado para un traslado seguro, mientras que el equipo médico del centro de donación adoptó protocolos de sanitización y de higiene personal.

Después de la donación me sentí un poco cansado y adolorido, pero valió la pena. Cuando te desinstalan de la máquina sientes el brazo cansado, pero eso se debe a que llevas seis horas en la misma posición. Yo tenía una idea del proceso, pero es algo que se debe vivir. Te cuidan mucho. Es algo que volvería a hacer mil veces.

La persona que recibió mis células es una mujer de 75 años de América del Norte. Creo que ser donante es dar una segunda oportunidad, es crear un mejor futuro para todos. Una sociedad unida, libre y con dignidad”.

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