Historias de familias

Mujeres que salvan vidas

De los más de 120 mil potenciales donantes registrados en DKMS Chile, un 80% son mujeres. Maylin, Mónica, Paola y Cristel son solo algunas de las que donaron en 2021. Aquí, cuentan por qué se sumaron a la Fundación y los motivos para salvar la vida de sus Hermanos de Sangre.

Última actualización: 22/04/2022

Maylin Soria (29), Antofagasta: “Los donantes no perdemos nada, es más: ganamos”

“Trabajo en el ámbito minero, por lo que mis días laborales son bien agotadores, entre estar en terreno y realizar análisis de la tendencia de datos, hasta reportar lo que sucede. En eso estaba cuando recibí un correo que decía que había resultado compatible con un paciente. Sentí mucha felicidad y nervios. Estaba viviendo muchas emociones, recién empezaba mi vida laboral y con varios cambios a nivel personal, por lo que fue otra emoción que asimilar que me llenó mucho más el corazón.

La donación me daba nervios por mis venas delgadas, pero los chicos que me atendieron fueron lo mejor. No me quedaron ni moretones que, por lo general, suelen quedarme después de exámenes de sangre. Cuando me pusieron la aguja me dolió un poco el brazo. Sentí cuando ingresó y después nada. Todas las personas que me atendieron fueron atentas y muy gentiles, tanto en la donación como para coordinar los traslados y hospedajes.

Cuando fui a realizar la donación también me di cuenta que se necesita de mucha gente. Una persona se registró y a la semana la llamaron. Los donantes no perdemos nada, es más: ganamos. Está en nuestras manos el poder ayudar y sentir esa chispa de felicidad de que estamos comprometiéndonos con una causa. En mi caso se trata de un niño de entre 5 y 10 años de Latinoamérica, que espero poder ayudar con este granito de arena. Deseo que todo salga bien con el proceso y si vuelve a requerir una donación estaré dispuesta a ayudarlo”.

Mónica Orellana (26), Rengo: “Cuando me llamaron me alegré de poder colaborar, pero también sentí una importante responsabilidad”

“Me llamaron justo cuando iba camino a la feria. Me sentí ansiosa, me alegré de poder colaborar, pero también sentí una importante responsabilidad. En ese tiempo también estaba terminando uno de los últimos internados de mi carrera.

El equipo de DKMS me acompañó durante todo el proceso, siempre estuvieron preocupados por mi salud y bienestar. El proceso fue muy rápido, recibí un trato excelente de parte de cada una de las personas con las que interactué. Todos fueron muy amables, cercanos, aclararon mis dudas y me sentí segura en cada etapa. Estaba tan cómoda que hasta me dormí durante el procedimiento.

La única molestia que tuve fue un dolor de cabeza leve durante los días en que me estaba administrando el medicamento, pero fue más que nada una molestia que cedía rápidamente con paracetamol. Al final, la ayuda es para una niña, a quien espero que mis células ayuden y pueda dejar atrás este mal momento, seguir con su vida y alcanzar todos sus sueños y metas”.

Paola Pérez (34), Talca: “Saber que tenía la posibilidad de ayudar a salvar la vida de alguien es de lo mejor que me ha pasado”

“Me registré en DKMS y me llamaron después de tres meses. En el hospital donde trabajo estaban vacunando y el papá de Vicente Amaya había puesto un stand de la Fundación. Me llamaron después de tres meses, justo cuando amamantaba a mi hija de dos años y me puse a llorar de pura emoción. Saber que tenía la posibilidad de ayudar a salvar la vida de alguien es de lo mejor que me ha pasado.

Lo más complejo fueron las inyecciones previas para generar mayor cantidad de células madre sanguíneas. Soy enfermera, pero pésima paciente, entonces me costó pincharme. Me dolieron los huesos, pero es un dolor lindo, similar a cuando uno se resfría, pero sabía que significaba que el medicamento estaba haciendo su trabajo. El día de la donación, en cambio, sólo tuve un dolor por estar mucho rato en la misma posición.

Creo que ha sido una de las mejores acciones que he realizado, saber que di vida es muy lindo e importante. En un inicio me ilusionaba mucho salvar a un niño, pero después supe que la paciente era una mujer de Latinoamérica, entre los 40 y 55 años, que quizá es madre igual que yo y esta era de sus últimas opciones de tratamiento. Me hizo muy feliz saber que cooperé para que pudiera seguir con su familia. Así que, si alguna vez lees esto, recibe parte de mí con las mejores energías e intenciones, espero mis células ayuden a recuperar tu salud y puedas volver a ser feliz con tu familia como yo lo soy, y algún día podamos conocernos y abrazarnos”.

Cristel Rioseco (33), Los Ángeles: “Fue algo sencillo, pero para la niña que recibió mis células es una esperanza de vida”

“Todo el proceso fue algo nuevo para mí, desde aprender a colocarme las inyecciones previas a la donación, hasta el momento de ver esa bolsita llenándose de esperanzas para una personita que lo necesitaba mucho.

Fue un proceso rápido, a pesar de que tuve que donar en dos días. El primero lo sentí largo, pero no tuve mayor malestar, el segundo fueron menos horas, pero cansador. En general, por las inyecciones me dolieron los huesos, y mis brazos por tenerlos tantas horas sin poder moverlos.

Para mí ser donante fue algo sencillo, pero para la niña que recibió mis células es una esperanza de vida y una alegría. A pesar de que aún no dimensiono todo lo que hice, es algo muy especial e importante para mí. Yo estudié un técnico de nivel superior en educación diferencial, luego saqué una psicopedagogía y puedo decir que me encanta trabajar con niños. Por eso cuando me enteré que a quien ayudé era una adolescente de Latinoamérica, le deseé, junto a ese pedacito de mí, mucho amor para que siguiera luchando contra esa enfermedad”.

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