En menos de cinco años, Michelle Bergel ya había escuchado lo que era ser diagnosticada con leucemia: primero el papá de un amigo, luego el padrino de su pololo y, finalmente, una de las profesoras que la acompañó casi toda su etapa escolar. “Perder a personas que amas, pero también poder ser esperanza para otros que otras personas aman, es algo que me ha movido bastante”, cuenta sobre su decisión de unirse al Voluntariado de Fundación DKMS en septiembre de 2024.
Todo comenzó cuando sintió que algo había que hacer. Buscó sobre la enfermedad, llegó al sitio web de DKMS y leyó todo lo que pudo. Su primer instinto fue organizar una campaña de registro en la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde estudia Construcción Civil. En esa actividad se sumó al equipo de voluntarios de la Fundación y se registró como donante, siendo una de las más de 100 personas que lo hicieron ese día.
“Me sorprendió que mis compañeros se acercaran al stand y fueran directo a registrarse. Es súper bonito. A mí me encantaría que un día me contactaran porque soy compatible con alguien y poder donar parte de mí para que esa persona pueda vivir una vida maravillosa”.
En más de un año que lleva siendo parte del voluntariado, Michelle ha participado en más de 10 campañas. Una de ellas, la realizada en Puente Alto por Javiera González, quien a sus dos años vive con anemia de Diamond-Blackfan, una enfermedad poco común que afecta su sistema inmune. “Lo que estás haciendo se refleja en esta persona. Todo esto que se mueve alrededor es por una persona como ella”, comparte.
Conocer a los padres de una paciente, motivar a sus compañeros de carrera para que se registren en las campañas que organiza en su universidad, o explicarle en qué consiste el registro y donación de células madre a quienes se acercan a los stands como el que a veces se ubica fuera del Metro Pedro de Valdivia, son parte de las cosas que vive en el programa.
Si bien había participado en misiones de su universidad, cuenta que en comparación a ellas u otros voluntariados, “siento que aquí igual se construye una especie de esperanza”.
Y explica: “Para mí es muy importante que cada uno de nosotros puede hacer un pequeño aporte. Tal vez un día, en una campaña registras a 100 personas y esa que lo hizo a las cuatro de la tarde, es el donante que justo necesitaba un niño. Eso es lo que más me enorgullece: que tú seas parte del camioncito que lleva la esperanza a otra familia”.
Como voluntaria de DKMS, Michelle comparte que también se ha hecho amigas que vienen de diferentes partes y a las que quiere mucho. En sus palabras, se trata de conectar con gente que busca lo mismo que tú.
“Conoces nuevas personas, nuevas realidades y pueden convivir. Alguien que tiene una vida súper diferente a la tuya que quizá jamás se hubiesen conocido, pero en DKMS se juntan por la misma finalidad: lograr que personas que lo necesitan encuentren a su donante”, cuenta.
Con ellas celebró el Día Internacional de los Voluntarios en un evento que festejamos en diciembre y en el que tuvo palabras para todos los presentes: “DKMS me ha hecho sentir que todas las personas que están ahí tienen sus pies donde está su corazón”.

