El linfoma de Hodgkin (LH), también conocido como enfermedad de Hodgkin, es un tipo de cáncer que comienza en el sistema linfático, una parte crucial del sistema inmunitario del cuerpo. Afecta específicamente a un tipo de glóbulo blanco llamado linfocito y se caracteriza por la presencia de células de Reed-Sternberg, un tipo específico de célula anormal.
El linfoma de Hodgkin suele comenzar en los ganglios linfáticos y puede propagarse a otras partes del cuerpo, incluidos el bazo, el hígado, la médula ósea y los pulmones. Es una de las formas de cáncer más tratables, especialmente cuando se detecta a tiempo.
El linfoma de Hodgkin incluye el linfoma de Hodgkin clásico (LHC), que representa alrededor del 95% de los casos y es la forma predominante, y el linfoma de Hodgkin de predominio linfocitario nodular (NLPHL), un subtipo mucho más raro que tiende a crecer más lentamente.
Los síntomas más comunes que se pueden experimentar incluyen: fatiga, fiebre, ganglios linfáticos inflamados, sudores nocturnos, pérdida de apetito, picor, dolor en el pecho, dificultad para respirar e hinchazón abdominal.
El tratamiento del linfoma de Hodgkin depende de varios factores, como la etapa de la enfermedad, el tamaño de los ganglios linfáticos afectados y el estado de salud general. Las principales opciones de tratamiento incluyen:
Los trasplantes de células madre son una opción de tratamiento importante frente a un diagnóstico de linfoma de Hodgkin, en particular si el cáncer ha regresado después del tratamiento inicial o no hubo respuesta a las terapias estándar.
Los trasplantes de células madre pueden ofrecer la posibilidad de una remisión a largo plazo. Sin embargo, conllevan riesgos y posibles efectos secundarios, por lo que es importante discutir esta opción a fondo con el equipo médico.
